30.08.2017 |  Médicos Sin Fronteras  | periodismohumano.com

Desde finales de 2016, nuestra organización brinda atención materna y apoyo mental a los migrantes que se dirigen a Francia y que han quedado atrapados en la frontera sin posibilidad de recibir cuidados básicos. En verano, más y más personas alcanzan los límites de la ciudad y no encuentran refugio en las  instalaciones existentes.

Como sucede con otras rutas migratorias hacia la Unión Europea (como la de los Balcanes), la frontera interna entre Italia y Francia representa un obstáculo más en el camino europeo, una nueva barrera que para algunos resulta insuperable. Los migrantes acuden a Ventimiglia con el objetivo de poder entrar en Francia, pero la única alternativa que tienen es cruzar la frontera ilegalmente y a través de rutas peligrosas. Entre ellos hay numerosas mujeres embarazadas, familias enteras y menores no acompañados.

En este vídeo, los jefes de misión de MSF Tommaso Fabbri y Corinne Torre explican la difícil situación de los migrantes en la frontera entre Italia y Francia.

Cargas adicionales

El cierre de las fronteras, la escasez de lugares que ofrecen una acogida adecuada y la falta de acceso a las instalaciones básicas y a la atención sanitaria son cargas adicionales al ya agotador periplo que los migrantes en tránsito han experimentado durante meses o incluso años.

Su larga estancia en las fronteras italianas afecta profundamente a su salud física y mental. Muchos tratan de cruzarlas a pie –emprendiendo rutas arriesgadas a través de las montañas o a lo largo de los túneles y las autopistas que conectan Italia y Francia– solo para acabar siendo expulsados de vuelta a Italia. Desde septiembre del año pasado, han muerto 12 migrantes en el intento de llegar a Francia.

Limbo permanente

Esta situación de limbo permanente implica, a menudo, la repetición de síntomas de salud mental como depresión, sensación de abandono, síntomas postraumáticos, apatía, trastornos de adaptación, ansiedad y, en algunos casos, problemas psicosomáticos.

“Las terribles condiciones de vida hacen a los migrantes más vulnerables. Muchos de ellos están huyendo de situaciones horribles vividas en sus países de origen y han sufrido un profundo trauma a lo largo de la ruta migratoria”, explica nuestro coordinador en Ventimiglia, Federico Saracini. “Lo que vemos en Ventimiglia son los efectos directos de las políticas europeas de disuasión: estas personas se ven forzadas a poner sus vidas en peligro y a vivir en condiciones indignas durante meses”.

Enfrentado a un flujo constante de recién llegados desde 2014, el sistema de recepción de Italia sigue funcionando en un modo de emergencia y no satisface las necesidades de los migrantes más vulnerables. A falta de una respuesta institucional, desde el verano pasado la sociedad civil de Ventimiglia ha establecido un refugio temporal en la parroquia de Sant’Antonio alle Gianchette, donde familias, niños y mujeres son hospedados y reciben comida.

El mes pasado, 444 personas (246 hombres y 198 mujeres) procedentes principalmente de Sudán, Eritrea, Guinea-Bissau, Etiopía, Costa de Marfil y Chad fueron acogidos en la iglesia. Entre ellos hay niños muy pequeños, como Raheek, de apenas 2 meses. Originario de Sudán, cruzó el Sahara y el Mediterráneo central con sus padres. La familia de Raheek, que llegó a la parroquia tras un largo viaje por Italia, tiene miedo del futuro incierto que tiene por delante.

Esterline es de Darfur, en Sudán. Tras pasar 45 días retenido en Libia, decidió probar suerte y emprender su camino a Europa. Cuando consiguió llegar a Ventimiglia, fue enviado de vuelta a Taranto, al sur de Italia. “Tardamos en llegar tres días. Tres días sin comida ni agua. Buscábamos comida y agua en los cubos de basura y nos escondíamos en los baños de los trenes”, cuenta. En este video narra su historia.

Rostros de la solidaridad en Francia: Catherine

Catherine vive en Saorge, un pueblo del valle del Roya. Explica cómo se involucró en la asistencia a los migrantes que llegan a Francia.

Nuestros equipos brindan servicios de consultas médicas, salud materna y salud mental. Además, facilitan donaciones de alimentos y de bienes de primera necesidad. En lo que llevamos de 2017, hemos proporcionado 1.860 consultas médicas; también apoyamos a médicos voluntarios locales con acciones de mediación cultural.