Las claves del rol de Kamala Harris en la frontera sur para que no termine siendo un desastre de gestión pública

La tarea designada por el presidente Joe Biden a la vicepresidenta representa un reto de grandes proporciones para uno de los mayores desafíos que enfrenta la Casa Blanca. Si los resultados demoran y el flujo migratorio no se detiene, los republicanos seguirán hablando de una crisis de seguridad nacional.

La designación de la vicepresidenta Kamala Harris para liderar los esfuerzos del gobierno tanto con México como con los países del Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras) en asuntos migratorios, se ha convertido en pieza clave en la gestión pública de una crisis. Y no solo para encontrar una solución a corto o mediano plazo a un problema grave que no cede, sino que por el contrario amenaza con convertirse en un problema aún mayor.

En febrero la cifra de expulsiones en la frontera  con México alcanzó las 102,020 extranjeros, entre adultos solteros y unidades familiares. En marzo las detenciones alcanzaron las 171,000, la cifra más alta en los últimos 15 años, de acuerdo con registros de la Patrulla Fronteriza  reportados por el diario The Whashington Post. 

Mientras, en Centroamérica las caravanas siguen organizándose para iniciar la peligrosa travesía hacia el norte para pedir asilo en Estados Unidos, una práctica que se originó en 2013 y que, a pesar de las advertencias, sigue creciendo y los gobiernos son incapaces de revertirla.

Desde el comienzo de su gobierno, el presidente Joe Biden e ha referido al tema migratorio como uno de los problemas más serios de su gobierno. Y ha señalado que tiene dos componentes que deben ser tratados simultáneamente para reparar una política heredada que define como deficiente.